Roberto Salinas

Perdió la corrupción

 

El pasado lunes 15 de julio, en el último día de sesión del segundo periodo legislativo del Congreso morelense, la corrupción perdió una batalla. A unos minutos de concluir el día y tras una segunda ronda de votaciones un grupo de diputados pretendía apoderarse de la Auditoría, avalando un proceso opaco, en el que solo tres legisladoras (Tania Valentina del PT, Keila Figueroa de Morena y Maricela Jiménez del PES) estuvieron presente en las comparecencias de los 29 aspirantes.

Meses atrás, el Centro de Investigación Morelos Rinde Cuentas y el Colegio de Contadores del Estado de Morelos habían documentado las faltas y omisiones de la Auditoría y exhortando a realizar un proceso transparente y con participación ciudadana en la designación. Como es costumbre, estos llamados a la transparencia y profesionalismo son ignorados por quienes tienen el deber de escuchar a la sociedad.

La auditoría es un botín más y un medio para garantizar impunidad a muchos funcionarios. No es verdad que les importe un profesional al frente de esta institución, la prueba de ello es que, en estos 10 meses de legislación, la Auditoría -en manos del Congreso- no ha realizado un diagnóstico sobre su actuación, no ha publicado auditorías y resultados, ya se repartieron 21 puestos entre ellos colaboradores ya familiares, tienen también a la Auditoría con el peor presupuesto de todo el país.

Hay diferencias en el Congreso, sí, es normal. Pero mientras mantengan las negociaciones e intereses en lo privado y en opacidad, seguiremos viendo una farsa en el combate a la corrupción y garantizando impunidad a quien abusaron de su poder.

Por ello, es necesario y exigimos repetir todo el proceso para hacerlo transparente e incluir participación ciudadana, que garantice que quien llegue a la Auditoría es una persona independiente y profesional.

Tenemos esta clase de legisladores porque desde la sociedad no les damos seguimiento, no vigilamos su actuación. Por ello es necesario cuestionarlos, exigirles y obligarlos a transparentar sus decisiones. La corrupción perdió una batalla al frustrase esta designación, pero faltan más. Esperemos algún día tener legisladores con valores y que trabajen por la sociedad.

 

 

 

 

 

 

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