Fernando Coronel

Andrés Manuel el predicador

 

“El storytelling pega sobre la realidad relatos artificiales, traza conductas, orienta el flujo de emociones”

Christian Salmo.

 

Andrés Manuel López Obrador ha dejado claro cuál es y será su estilo personal de gobernar: ejercer el poder a partir de la construcción de historias que mantengan, en el imaginario colectivo -sobre todo de la población con menores recursos-, la esperanza de que su situación va a mejorar ahora que está en la Presidencia de la República. Y que para lograrlo vale la pena -desde su perspectiva- cualquier sacrificio que tenga que hacer el resto de los mexicanos no instalados en su base electoral.

Esta es la única razón que podría explicar el por qué sus niveles de popularidad, lejos de disminuir, se han incrementado.

Varios acontecimientos sucedidos en estos casi 100 días que lleva López Obrador en el gobierno, que en otro sexenio habrían dañado sin duda la figura presidencial, hoy han mantenido intacta su imagen: el desabasto de gasolina -como parte de la estrategia de combate al huachicoleo- y la molestia que esta medida generó en un sinnúmero de usuarios de automóvil y en el sector empresarial debido a las fuertes pérdidas económicas. La explosión, el pasado 18 de enero, de un ducto de petróleo ubicado en Tlahuelilpan, la cual fue provocada colateralmente por la guerra contra los huachicoleros, que derivó en más de 130 muertos. Y la inacción del gobierno federal ante los bloqueos que llevó a cabo la Coordinadora Nacional de Trabajadores de Educación (durante 28 días) a las vías férreas en Michoacán, que propició un impacto económico severo en ese estado y en el país de 28 mil millones de pesos.

A pesar de lo anterior, el presidente López Obrador ha incrementado su popularidad de 70 por ciento que tenía el 26 de diciembre a 86 por ciento en el que se ubica al 1 de febrero, según una encuesta de El Financiero (la mayoría de los demás sondeos es coincidente).

 

La clave de ello está, insisto, en el tipo de relato de país o narrativa que ha diseñado Andrés Manuel, y que ha sido la hoja de ruta de su gobierno: reivindicar al pueblo de México (en su gran mayoría pobre) de las injusticias, la corrupción, y la desigualdad de oportunidades generadas por las anteriores élites gobernantes (“mafia del poder”, como la llama).

Por tanto, López Obrador vende la idea de que llega a la Presidencia a cumplir una misión histórica, eje doctrinario de su Cuarta Transformación. Necesita, por ello, manejar al país como si fuera un párroco de Iglesia, o un predicador: saber perdonar y a la vez ser solidarios con los más necesitados. Ese el espíritu de su proceso de “evangelización”.

Una herramienta poderosa que utiliza Andrés Manuel para afianzar su narrativa es el triángulo estratégico utilizado en todo proceso eficaz de comunicación política: las víctimas (la gran mayoría de mexicanos pobres); los villanos (la mafia del poder); y el redentor (López Obrador).

De ahí que el presidente, aun cuando pudiera estar tomando decisiones que son técnica y económicamente inviables para el país, como fue por ejemplo la cancelación del Aeropuerto en Texcoco, no deje dirigirse -y de cuidar- a su base electoral, la misma que lo llevó al poder presidencial.

López Obrador pareciera, más que un presidente, un luchador social con banda presidencial; un héroe redentor que sigue en campaña, vendiendo esperanzas de que las decisiones que hoy está tomando, por más dolorosas que pudieran ser para algunos, derivarán en beneficios para la población más necesitada.

Pero, ¿será esta estrategia eternamente exitosa? Sin duda no, pero sí puede durar mucho tiempo. No obstante, quizá -y subrayo quizá- encuentre un punto de quiebre en el empecinamiento del gobierno federal de echar adelante la termoeléctrica en la Huexca, Morelos; proyecto que, por más benéfico que pudiera ser para la generación de electricidad, tiene un fuerte rechazo social, sobre todo ahora que ya hubo una víctima y que el problema está escalando políticamente.

Como sea, Andrés Manuel López Obrador es un predicador con título de presidente, y eso lo ha mantenido hasta el momento con niveles de aceptación inéditamente elevados respecto de sus predecesores priistas y panistas.

 

@fercoronelan (twitter)

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