El adiós a Cruz Pérez Herrera.



POR ANDRÉS LAGUNAS



Su formación de profesor lo hacía dar cátedra doquiera se presentara, su convicción lo hizo trabajar todos los días por la fraternidad, la igualdad y la libertad. Cruz Pérez Herrera ha dejado de existir físicamente, pero ha dejado una huella muy profunda en el corazón de cientos o miles de personas que tuvimos la oportunidad de convivir cotidianamente con él.

Nos conocimos en una redacción, siendo él un hombre consolidado profesionalmente. Llegó a Cuernavaca invitado por don Roberto Armendáriz , entonces director del Sistema Morelense de Radio y Televisión del gobierno de Don Antonio Riva Palacio López. Fue un formador incansable de comunicadores, tanto en las aulas, donde dio clases a varios, como en las redacciones donde laboró: El Sol de Cuernavaca, La Opinión de Morelos, El Nacional y en años recientes La Jornada Morelos, así como en su impreso Proyección de Morelos.

Disfruté de su amistad sincera, escuché y puse en práctica sus consejos. Siempre le hablé de usted, por la diferencia de edades y por el profundo respeto que le tuve. Pero fuimos muy amigos y compadres, convivimos mucho, hasta que el destino de cada quien no empezó a llevar por senderos distintos, más el vínculo jamás se rompió.

Se lo dije personalmente varias veces, no sé si con el énfasis correcto o no, pero él le dio un giro a mi vida personal y con sus consejos y ejemplo, me apoyó para salir de la etapa bronca de la juventud e instalarme en la serenidad de la madurez. Fue mi amigo, mi maestro y compadre.

Me duele su partida, pero me conforta el ver cuanta gente lo quiso por ser la persona que fue: profesor, periodista y liberal incansable. Descanse en paz.

Un abrazo a Hilda Constantino, su esposa, y a sus hijos Isis y Tlacaelel.

 

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